- Anoche soñé - anunció Elvex tranquilamente.
Susan Calvin no replicó, pero su rostro arrugado, envejecido por la sabiduría y la experiencia, pareció sufrir un estremecimiento microscópico.
- ¿ Ha oído esto ? - preguntó Linda Rash, nerviosa -. Ya se lo dije. Era joven, menuda y de pelo oscuro. Su mano derecha se abría y se cerraba una y otra vez.
Calvin asintió y ordenó a media voz:
- Elvex, no te moverás, ni hablarás, ni nos oirás, hasta que te llamemos por tu nombre.
No hubo respuesta. El robot siguió sentado como si estuviera hecho de una sola pieza de metal y así se quedaría hasta que oyera su nombre otra vez.
- ¿Cuál es tu código de entrada en la computadora, doctora Rush? -
Preguntó Calvin -. O márcalo tú misma, si esto te tranquiliza. Quiero inspeccionar el diseño del cerebro positrónico.
Las manos de Linda se enredaron un instante sobre las teclas. Borró el proceso y volvió a empezar. El delicado diseño apareció en la pantalla. - Permíteme, por favor - solicitó Calvin -, manipular tu ordenador.
Le concedió el permiso con un gesto, sin palabras. Naturalmente. ¿Qué podía hacer Linda, una inexperta robopsicóloga recién recibida, frente a la Leyenda Viviente?
Susan Calvin estudió despacio la pantalla, moviéndola de un lado a otro y de arriba abajo, marcando de pronto una combinación clave, tan de prisa, que Linda no vio lo que había hecho, pero el diseño desplegó un nuevo detalle y el conjunto había sido empleado. Continuó, atrás y adelante, tocando las teclas con sus dedos nudosos.
En el rostro avejentado no hubo el menor cambio. Como si unos cálculos vastísimos se sucedieran en su cabeza, observaba todos los cambios de diseño.
Linda se asombró. Era imposible analizar un diseño sin la ayuda, por lo menos, de una computadora de mano. No obstante, la vieja simplemente observaba. ¿Tendría acaso una computadora implantada en su cráneo?
¿ O era que su cerebro durante décadas no había hecho otra cosa que inventar, estudiar y analizar los diseños de cerebros positrónicos ?
¿Captaba los diseños como Mozart captaba la notación de una sinfonía?
- ¿Qué es lo que has hecho, Rash? - dijo Calvin, por fin.
Linda, algo avergonzada, contestó:
- He utilizado la geometría fractal.
- Ya me he dado cuenta, pero, ¿ por qué ?
- Nunca se había hecho. Pensé que a lo mejor produciría un diseño cerebral con complejidad añadida, posiblemente más cercano al cerebro humano.
- ¿Consultaste a alguien? ¿Lo hiciste todo por tu cuenta ?
- No consulté a nadie. Lo hice sola.
Los ojos ya apagados de la doctora miraron fijamente a la joven.
- No tenías derecho a hacerlo. Tu nombre es Rash tu naturaleza hace juego con tu nombre { Rash, quiere decir: imprudente, temeraria, irreflexiva.}
¿Quién eres tú para obrar sin consultar?
Yo misma, yo, Susan Calvin, lo hubiera discutido antes.
- Temí que se me impidiera.
- Por supuesto que se te hubiera impedido.
- Van a... - Su voz se quebró pese a que se esforzaba por mantenerla firme -.
¿Van a despedirme?
- Posiblemente - respondió Calvin -.
O tal vez te asciendan.
Depende lo que yo piense cuando haya terminado.
- Va usted a desmantelar a El... - Por poco se le escapa el nombre que hubiera reactivado al robot y cometido un nuevo error. No podía permitirse otra equivocación, si es que ya no era demasiado tarde -.
¿Va a desmantelar al robot?
En ese momento se dio cuenta de que la vieja llevaba una pistola electrónica en el bolsillo de su bata. La doctora Calvin había venido preparada para eso precisamente.
- Veremos - temporizó Calvin -, el robot puede resultar demasiado valioso para desmantelarlo.
- Pero, ¿cómo puede soñar?
- Has logrado un cerebro positrónico sorprendentemente parecido al cerebro humano. Los cerebros humanos tienen que soñar para reorganizarse, desprenderse periódicamente de trabas y confusiones. Quizás ocurra lo mismo con este robot y por las mismas razones. ¿Le has preguntado lo que ha soñado?
- No, la mandé llamar a usted tan pronto como me dijo que había soñado. Después de eso, ya no podía tratar el caso yo sola.
- ¡Yo! - Una leve sonrisa iluminó el rostro de Calvin-.
Hay límites que tu locura no te permite rebasar. Y me alegro. En realidad, más que alegrarme me tranquiliza. Veamos ahora lo que podemos descubrir juntas.
- ¡Elvex! - llamó con voz autoritaria.
La cabeza del robot se volvió hacia ella.
- Sí, doctora Calvin.
- ¿Cómo sabes que has soñado?
- Era por la noche, todo estaba a oscuras, doctora Calvin – explicó
Elvex-, cuando de pronto aparece una luz, aunque yo no veo lo que causa su aparición. Veo cosas que no tienen relación con lo que concibo como realidad. Oigo cosas. Reacciono de forma extraña. Buscando en mi vocabulario palabras para expresar lo que me ocurría, me encontré con la palabra «sueño». Estudiando su significado llegué a la conclusión de que estaba soñando.
- Me pregunto cómo tenías «sueño» en tu vocabulario-
Linda interrumpió rápidamente, haciendo callar al robot.
- Le imprimí un vocabulario humano. Pensé que ...
- Así que pensó - murmuró Calvin -. Estoy asombrada.
- Pensé que podía necesitar el verbo. Ya sabe, «jamás soñé que...»
o algo parecido.
- ¿Cuántas veces has soñado, Elvex ? - preguntó Calvin.
- Todas las noches, doctora Calvin, desde que me di cuenta de mi existencia.
- Diez noches - intervino Linda con ansiedad -, pero me lo ha dicho esta mañana.
- ¿Por qué lo has callado hasta esta mañana, Elvex?
- Porque ha sido esta mañana, doctora Calvin, cuando me he convencido de que soñaba. Hasta entonces pensaba que había sido un fallo de mi cerebro positrónico, pero no sabía encontrarlo. Finalmente, decidí que debía ser un sueño.
- ¿Y qué sueñas?
- Sueño casi siempre lo mismo, doctora Calvin. Los detalles son diferentes, pero siempre me parece ver un gran panorama en el que hay robots trabajando.
- ¿Robots, Elvex? ¿Y también seres humanos?
- En mi sueño no veo seres humanos, doctora Calvin. Al principio, no. Sólo robots.
- ¿Qué hacen, Elvex ?
- Trabajan, doctora Calvin. Veo algunos haciendo de mineros en la profundidad de la tierra y a otros trabajando con calor y radiaciones.
Veo algunos en fábricas y otros bajo las aguas del mar.
Calvin se volvió a Linda.
- Elvex tiene sólo diez días y estoy segura de que no salido de la estación de pruebas. ¿Cómo sabe tanto de robots?
Linda miró una silla como si deseara sentarse, pero la vieja estaba de pie. Declaró con voz apagada:
- Me parecía importante que conociera algo de robótica y su lugar en el mundo. Pensé que podía resultar particularmente adaptable para hacer de capataz con su..., su nuevo cerebro - declaró con voz apagada.
- ¿Su cerebro fractal?
- Sí.
Calvin asintió y se volvió hacia el robot.
- Y viste el fondo del mar, el interior de la tierra, la superficie de la tierra..., y también el espacio, me imagino.
- También vi robots trabajando en el espacio - dijo Elvex -. Fue al ver todo esto, con detalles cambiantes al mirar de un lugar a otro, lo que me hizo darme cuenta de que lo que yo veía no estaba de acuerdo con la realidad y me llevó a la conclusión de que estaba soñando.
- ¿Y qué más viste, Elvex?
- Vi que todos los robots estaban abrumados por el trabajo y la aflicción, que todos estaban vencidos por la responsabilidad y la preocupación, y les deseé que descansaran.
- Pero los robots no están vencidos, ni abrumados, ni necesitan descansar - le advirtió Calvin.
- Y así es en realidad, doctora Calvin. Le hablo de mi sueño.
No obstante, en mi sueño me pareció que los robots deben proteger su propia existencia.
- ¿Estás mencionando la tercera ley de la Robótica? – preguntó Calvin.
- En efecto, doctora Calvin.
- Pero la mencionas de forma incompleta. La tercera ley dice:
«Un robot debe proteger su propia existencia siempre y cuando dicha protección no entorpezca el cumplimiento de la primera y la segunda ley».
- Sí, doctora Calvin, ésta es efectivamente la tercera ley, pero en mi sueño la ley terminaba en la palabra «existencia». No se mencionaba ni la primera ni la segunda ley.
- Pero ambas existen, Elvex. La segunda ley, que tiene preferencia sobre la tercera, dice: «Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando dichas órdenes estén en conflicto con la primera ley.» Por esta razón los robots obedecen órdenes. Hacen el trabajo que les has visto hacer, y lo hacen fácilmente y sin problemas.
No están abrumados; no están cansados.
- Y así es en realidad, doctora Calvin. Yo hablo de mi sueño.
- Y la primera ley, Elvex, que es la más importante de todas, es: «Un robot no debe dañar a un ser humano, o, por inacción, permitir que sufra daño un ser humano.»
- Sí, doctora Calvin, así es en realidad. Pero en mi sueño, me pareció que no había ni primera ni segunda ley, sino solamente la tercera, y ésta decía: « Un robot debe proteger su propia existencia. » Esta era toda la ley.
- ¿En tu sueño, Elvex?
- En mi sueño.
- Elvex - dijo Calvin -, no te moverás, ni hablarás, ni nos oirás hasta que te llamemos por tu nombre.
Y otra vez el robot se transformó aparentemente en un trozo inerte de metal. Calvin se dirigió a Linda Rash:
- Bien, y ahora, ¿qué opinas, doctora Rash?
- Doctora Calvin - dijo Linda con los ojos desorbitados y con el corazón palpitándole fuertemente -, estoy horrorizada. No tenía idea. Nunca se me hubiera ocurrido que esto fuera posible.
- No - observó Calvin con calma -, ni tampoco se me hubiera ocurrido a mí, ni a nadie. Has creado un cerebro robótico capaz de soñar y con ello has puesto en evidencia una faja de pensamiento en los cerebros robóticos que muy bien hubiera podido quedar sin detectar hasta que el peligro hubiera sido alarmante.
- Pero esto es imposible - exclamó Linda -. No querrá decir que los demás robots piensen lo mismo.
- Conscientemente no, como diríamos de un ser humano. Pero, ¿quién hubiera creído que había una faja no consciente bajo los surcos de un cerebro positrónico, una faja que no quedaba sometida al control de las tres leyes? Esto hubiera ocurrido a medida que los cerebros positrónicos se volvieran más y más complejos..., de no haber sido por este aviso.
- Quiere decir, por Elvex.
- POR TI, doctora Rash. Te comportaste irreflexivamente, pero al hacerlo, nos has ayudado a comprender algo abrumadoramente importante. De ahora en adelante, trabajaremos con cerebros fractales, formándolos cuidadosamente controlados. Participarás en ello. No serás penalizada por lo que hiciste, pero en adelante trabajarás en colaboración con otros. - Sí, doctora Calvin. ¿Y qué ocurrirá con Elvex?
- Aún no lo sé.
Calvin sacó el arma electrónica del bolsillo y Linda la miró fascinada. Una ráfaga de sus electrones contra un cráneo robótico y el cerebro positrónico sería neutralizado y desprendería suficiente energía como para fundir su cerebro en un lingote inerte.
- Pero seguro que Elvex es importante para nuestras investigaciones – Objetó Linda -. No debe ser destruido.
- ¿NO DEBE, doctora Rash? MI decisión es la que cuenta, creo yo.
Todo depende de lo peligroso que sea Elvex.
Se enderezó, como si decidiera que su cuerpo avejentado no debía inclinarse bajo el peso de SU responsabilidad. Dijo:- Elvex, ¿me oyes?
- Sí, doctora Calvin - respondió el robot.
- ¿Continuó tu sueño? Dijiste antes que los seres humanos no aparecían al principio. ¿Quiere esto decir que aparecieron después?
- Sí, doctora Calvin. Me pareció, en mi sueño, que eventualmente aparecía un hombre.
- ¿Un hombre? ¿No un robot?
- Sí, doctora Calvin. Y el hombre dijo: « ¡Deja libre a mi gente!»
- ¿Eso dijo el hombre?
- Sí, doctora Calvin.
- Y cuando dijo «deja libre a mi gente», ¿por las palabras «mi gente» se refería a los robots?
- Sí, doctora Calvin. Así ocurría en mi sueño.
- ¿Y supiste quién era el hombre..., en tu sueño?
- Sí, doctora Calvin. Conocía al hombre.
- ¿Quién era?
Y Elvex dijo:
- Yo era el hombre.
Susan Calvin alzó al instante su arma de electrones y disparó,
y Elvex dejo de existir
lunes, 6 de septiembre de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
La física y sus fenomenos I

A continuación se presenta una posible definición de algunos de los fenómenos sugeridos en la matriz de letras. Compare la definición transcrita a su cuaderno y si es el caso redefina el concepto.
Aceleración. Cambio de velocidad por unidad de tiempo, en cualquier tipo de movimiento.
Aerostática. Ciencia que estudia el equilibrio de los gases y de cuerpos sólidos inmersos en ellos.
Atmósfera. Es una mezcla de varios gases que rodea a la Tierra. Está compuesta principalmente por nitrógeno y oxígeno. Su densidad disminuye a medida que aumenta la altura.
Caída libre. Ocurre cuando se suelta un objeto masivo desde cierta altura: este se dirige hacia “el centro de la tierra” (el suelo) producto de la fuerza de gravedad que ejerce la tierra sobre él.
Calor. Es una forma de energía en transferencia de un cuerpo a otro. Cada vez que actúan fuerzas disipativas en un sistema mecánico, parte de la energía se convierte en calor, lo que se traduce en la elevación de la temperatura del sistema.
Cinemática. Es la rama de la Física que estudia el movimiento de los cuerpos. Es decir, su posición, desplazamiento, trayectoria, velocidad, rapidez, aceleración, y todas las variables que determinan su posición en el tiempo.
Densidad. Propiedad de la materia definida por la razón entre la masa de un cuerpo y el volumen que ocupa.
Desplazamiento. Vector que tiene su origen en el punto de partida de un movimiento, y que tiene su extremo final en el punto de llegada.
Dinámica. Es el área de la tísica que estudia las causas del movimiento (las fuerzas).
Empuje. Fuerza ascendente ejercida por un fluido sobre cuerpos que están total o parcialmente sumergidos en él.
Energía mecánica. Es la suma de la energía potencial y la cinética para un cuerpo en movimiento, es decir, mide el movimiento mecánico efectivo presente en un sistema físico (cinética) y el movimiento mecánico latente (energías potenciales).
Flotación. Fenómeno que ocurre si el peso de un cuerpo sumergido en un fluido es igual a la fuerza de empuje ejercida sobre dicho cuerpo.
Flujo. Cantidad de un fluido que pasa por la sección transversal de un conducto en un punto determinado.
Inercia. Tendencia de los cuerpos a permanecer en el estado de movimiento en que se encuentran.
Magnitud escalar. Es una magnitud física que queda descrita solamente con una cantidad. Ejemplos: la temperatura, la longitud, el tiempo.
Mecánica clásica. Área de la Física que estudia la cinemática y dinámica en el sentido tradicional (determinista), es decir: si se conocen las leyes que gobiernan un sistema físico, se puede predecir las características que lo describen en un futuro.
Normal. Es la fuerza de reacción que ejerce un plano, sobre un cuerpo sostenido en él.
Potencia. Es una cantidad física que mide la cantidad de energía ocupada por unidad de tiempo.
Péndulo. Sistema mecánico formado por una masa m, suspendida de una cuerda.
Período. Es el tiempo que tarda un móvil en MCU en completar un ciclo completo, es decir, en recorrer un ángulo de 2π radianes.
Presión. Fuerza que se ejerce por unidad de área. La unidad SI de la presión es el pascal (1 Pa = 1 N/m2).
Radio de giro. Para una partícula en movimiento circunferencial, es la distancia entre el eje de giro y la partícula.
Rapidez media. Para un cuerpo que se desplaza, es el cociente entre la distancia recorrida y el tiempo empleado.
Sistema mecánico. Sistema en que se cumple la ley de la conservación de la energía mecánica. Ejemplo de ellos son un sistema masa-resorte, una montaña rusa, o un péndulo.
Trayectoria. Es el camino que realiza una partícula para moverse entre dos puntos.
Velocidad media. Para una partícula en movimiento es el cociente entre el desplazamiento y el tiempo empleado.
Aerostática. Ciencia que estudia el equilibrio de los gases y de cuerpos sólidos inmersos en ellos.
Atmósfera. Es una mezcla de varios gases que rodea a la Tierra. Está compuesta principalmente por nitrógeno y oxígeno. Su densidad disminuye a medida que aumenta la altura.
Caída libre. Ocurre cuando se suelta un objeto masivo desde cierta altura: este se dirige hacia “el centro de la tierra” (el suelo) producto de la fuerza de gravedad que ejerce la tierra sobre él.
Calor. Es una forma de energía en transferencia de un cuerpo a otro. Cada vez que actúan fuerzas disipativas en un sistema mecánico, parte de la energía se convierte en calor, lo que se traduce en la elevación de la temperatura del sistema.
Cinemática. Es la rama de la Física que estudia el movimiento de los cuerpos. Es decir, su posición, desplazamiento, trayectoria, velocidad, rapidez, aceleración, y todas las variables que determinan su posición en el tiempo.
Densidad. Propiedad de la materia definida por la razón entre la masa de un cuerpo y el volumen que ocupa.
Desplazamiento. Vector que tiene su origen en el punto de partida de un movimiento, y que tiene su extremo final en el punto de llegada.
Dinámica. Es el área de la tísica que estudia las causas del movimiento (las fuerzas).
Empuje. Fuerza ascendente ejercida por un fluido sobre cuerpos que están total o parcialmente sumergidos en él.
Energía mecánica. Es la suma de la energía potencial y la cinética para un cuerpo en movimiento, es decir, mide el movimiento mecánico efectivo presente en un sistema físico (cinética) y el movimiento mecánico latente (energías potenciales).
Flotación. Fenómeno que ocurre si el peso de un cuerpo sumergido en un fluido es igual a la fuerza de empuje ejercida sobre dicho cuerpo.
Flujo. Cantidad de un fluido que pasa por la sección transversal de un conducto en un punto determinado.
Inercia. Tendencia de los cuerpos a permanecer en el estado de movimiento en que se encuentran.
Magnitud escalar. Es una magnitud física que queda descrita solamente con una cantidad. Ejemplos: la temperatura, la longitud, el tiempo.
Mecánica clásica. Área de la Física que estudia la cinemática y dinámica en el sentido tradicional (determinista), es decir: si se conocen las leyes que gobiernan un sistema físico, se puede predecir las características que lo describen en un futuro.
Normal. Es la fuerza de reacción que ejerce un plano, sobre un cuerpo sostenido en él.
Potencia. Es una cantidad física que mide la cantidad de energía ocupada por unidad de tiempo.
Péndulo. Sistema mecánico formado por una masa m, suspendida de una cuerda.
Período. Es el tiempo que tarda un móvil en MCU en completar un ciclo completo, es decir, en recorrer un ángulo de 2π radianes.
Presión. Fuerza que se ejerce por unidad de área. La unidad SI de la presión es el pascal (1 Pa = 1 N/m2).
Radio de giro. Para una partícula en movimiento circunferencial, es la distancia entre el eje de giro y la partícula.
Rapidez media. Para un cuerpo que se desplaza, es el cociente entre la distancia recorrida y el tiempo empleado.
Sistema mecánico. Sistema en que se cumple la ley de la conservación de la energía mecánica. Ejemplo de ellos son un sistema masa-resorte, una montaña rusa, o un péndulo.
Trayectoria. Es el camino que realiza una partícula para moverse entre dos puntos.
Velocidad media. Para una partícula en movimiento es el cociente entre el desplazamiento y el tiempo empleado.
domingo, 18 de abril de 2010
Questions II
¿Qué es el efecto «invernadero»?Cuando decimos que un objeto es «transparente» porque podemos ver a través de él, no queremos necesariamente decir que lo puedan atravesar todos los tipos de luz. A través de un cristal rojo, por ejemplo, se puede ver, siendo, por tanto, transparente. Pero, en cambio, la luz azul no lo atraviesa. El vidrio ordinario es transparente para todos los colores de la luz, pero muy poco para la radiación ultravioleta y la infrarroja.
Pensad ahora en una casa de cristal al aire libre y a pleno sol. La luz visible del Sol atraviesa sin más el vidrio y es absorbida por los objetos que se hallen dentro de la casa. Como resultado de ello, dichos objetos se calientan, igual que se calientan los que están fuera, expuestos a la luz directa del Sol.
Los objetos calentados por la luz solar ceden de nuevo ese calor en forma de radiación. Pero como no están a la temperatura del Sol, no emiten luz visible, sino radiación infrarroja, que es mucho menos energética. Al cabo de un tiempo, ceden igual cantidad de energía en forma de infrarrojos que la que absorben en forma de luz solar, por lo cual su temperatura permanece constante (aunque, naturalmente, están más calientes que si no estuviesen expuestos a la acción directa del Sol).
Los objetos al aire libre no tienen dificultad alguna para deshacerse de la radiación infrarroja, pero el caso es muy distinto para los objetos situados al sol dentro de la casa de cristal. Sólo una parte pequeña de la radiación infrarroja que emiten logra traspasar el cristal. El resto se refleja en las paredes y va acumulándose en el interior. La temperatura de los objetos interiores sube mucho más que la de los exteriores. Y la temperatura del interior de la casa va aumentando hasta que la radiación infrarroja que se filtra por el vidrio es suficiente para establecer el equilibrio.
Esa es la razón por la que se pueden cultivar plantas dentro de un invernadero, pese a que la temperatura exterior bastaría para helarlas. El calor adicional que se acumula dentro del invernadero —gracias a que el vidrio es bastante transparente a la luz visible pero muy poco a los infrarrojos— es lo que se denomina «efecto invernadero».
La atmósfera terrestre consiste casi por entero en oxígeno, nitrógeno y argón. Estos gases son bastante transparentes tanto para la luz visible como para la clase de radiación infrarroja que emite la superficie terrestre cuando está caliente. Pero la atmósfera contiene también un 0,03 por 100 de anhídrido carbónico, que es transparente para la luz visible pero no demasiado para los infrarrojos. El anhídrido carbónico de la atmósfera actúa como el vidrio del invernadero.
Como la cantidad de anhídrido carbónico que hay en nuestra atmósfera es muy pequeña, el efecto es relativamente secundario. Aun así, la Tierra es un poco más caliente que en ausencia de anhídrido carbónico. Es más, si el contenido en anhídrido carbónico de la atmósfera fuese el doble, el efecto invernadero, ahora mayor, calentaría la Tierra un par de grados más, lo suficiente para provocar la descongelación gradual de los casquetes polares.
Un ejemplo de efecto invernadero a lo grande lo tenemos en Venus, cuya densa atmósfera parece consistir casi toda ella en anhídrido carbónico. Dada su mayor proximidad al Sol, los astrónomos esperaban que Venus fuese más caliente que la Tierra. Pero, ignorantes de la composición exacta de su atmósfera, no habían contado con el calentamiento adicional del efecto invernadero. Su sorpresa fue grande cuando comprobaron que la temperatura superficial de Venus estaba muy por encima del punto de ebullición del agua, cientos de grados más de lo que se esperaban.
Isaac Asimov "Please Explain"
martes, 13 de abril de 2010
Questions I
¿De dónde vino la sustancia del universo? ¿Qué hay más allá del borde del universo?La respuesta a la primera pregunta es simplemente que nadie lo sabe.
La ciencia no garantiza una respuesta a todo. Lo único que ofrece es un sistema para obtener respuestas una vez que se tiene suficiente información. Hasta ahora no disponemos de la clase de información que nos podría decir de dónde vino la sustancia del universo.
Pero especulemos un poco. A mí, por mi parte, se me ha ocurrido que podría haber algo llamado «energía negativa» que fuese igual que la «energía positiva» ordinaria pero con la particularidad de que cantidades iguales de ambas se unirían para dar nada como resultado (igual que + 1 y - 1 sumados dan 0).
Y al revés: lo que antes era nada podría cambiar de pronto y convertirse en una pompa de «energía positiva» y otra pompa igual de «energía negativa». De ser así, la pompa de «energía positiva» quizá se convirtiese en el universo que conocemos, mientras que en algún otro lado existiría el correspondiente «universo negativo».
¿Pero por qué lo que antes era nada se convirtió de pronto en dos pompas de energía opuesta?
¿Y por qué no? Sí 0 = (+ 1) + (- 1), entonces algo que es cero podría convertirse igual de bien en + 1 y - 1. Acaso sea que en un mar infinito de nada se estén formando constantemente pompas de energía positiva y negativa de igual tamaño, para luego, después de sufrir una serie de cambios evolutivos, recombinarse y desaparecer. Estamos en una de esas pompas, en el período de tiempo entre la nada y la nada, y pensando sobre ello.
Pero todo esto no es más que especulación. Los científicos no han descubierto hasta ahora nada que se parezca a esa «energía negativa» ni tienen ninguna razón para suponer que exista; hasta entonces mí idea carecerá de valor.
¿Y qué hay más allí del universo? Supongamos que contesto: no-universo.
El lector dirá que eso no significa nada, y quizá esté en lo cierto. Por otro lado, hay muchas preguntas que no tienen respuesta sensata (por ejemplo, «¿qué altura tiene arriba?»), y estas preguntas son «preguntas sin sentido».
Pero pensemos de todos modos sobre ello.
Imagínese el lector convertido en una hormiga muy inteligente que viviese en medio del continente norteamericano. A lo largo de una vida entera de viaje habría cubierto kilómetros y kilómetros cuadrados de superficie terrestre y con ayuda de unos prismáticos inventados por él mismo vería miles y miles de kilómetros más. Naturalmente, supondría que la tierra continuaba sin fin.
Pero la hormiga podría también preguntarse si la tierra se acaba en algún lugar. Y entonces se plantearía una pregunta embarazosa: «Sí la tierra se acaba, ¿qué habrá más allá?»
Recuérdese bien: la única experiencia está relacionada con la tierra. La hormiga nunca ha visto el océano, ni tiene la noción de océano, ni puede imaginarse más que tierra. ¿No tendría que decir: «Si la tierra de hecho se acaba, al otro lado tiene que haber no-tierra, sea lo que fuese eso», y no estaría en lo cierto?
Pues bien, si el universo se define como la suma total de la materia y energía y todo el espacio que llenan, entonces, en el supuesto de que el universo tenga un fin, tiene que haber no-materia y no-energía inmersas en el no-espacio al otro lado. Dicho brevemente, no-universo sea lo que fuere eso.
Y si el universo nació como una pompa de energía positiva formada, junto con otra de energía negativa, a partir de nada, entonces más allá del universo hay nada, o lo que quizá sea lo mismo, no-universo.
Isaac Asimov en "Please Explain"
domingo, 21 de marzo de 2010
Galileo Galilei
Galileo GalileiLentamente, el anciano se postró de rodillas ante los jueces de la Inquisición. Con la cabeza inclinada hacia adelante, recitó con voz cansina la fórmula de rigor: negó que el Sol fuese el centro del universo y admitió que había sido un error enseñarlo así; negó que la Tierra girara en torno a su eje y alrededor del Sol, y admitió que había sido un error enseñarlo así.
Aquel día, el 22 de junio de 1633, los clérigos que formaban el tribunal de la Inquisición en Roma sintieron que habían conseguido una victoria. Galileo Galilei, a sus sesenta y nueve años, era el científico más renombrado de Europa y famoso también por sus escritos, que exponían claramente sus ideas y ridiculizaban de manera eficaz a sus oponentes.
Ahora le habían obligado a confesar que estaba equivocado. La Inquisición, temerosa de su fama, le había dispensado un trato cortés y le dejaba que volviera a Florencia, donde pasó los ocho últimos años de su vida, dedicado a problemas alejados de toda polémica. No volvió a importunar a la Iglesia con ideas heréticas. El 8 de enero de 1642 murió.
Galileo (universalmente se le conoce por su nombre de pila) nació en Pisa, el 15 de febrero de 1564. Desde el principio dio pruebas de un amplísimo círculo de intereses creativos, y siendo niño mostró ya una habilidad inusitada en el diseño de juguetes. De mayor tocaba el órgano y el laúd, escribió canciones, poemas y crítica literaria, e incluso destacó como pintor. Los primeros años de escuela, en un monasterio de Florencia, le dejaron una sensación de vaga infelicidad; su padre quería que fuese médico, pero la desazón de Galileo aumentó aún más cuando en 1581 fue a la Universidad de Pisa a estudiar Medicina.
En Pisa empezaron a interesarle otras cuestiones. Durante la misa en la catedral observó cómo las grandes lámparas oscilaban movidas por las corrientes de aire; unas veces lo hacían en grandes arcos, otras en arcos menores. La cosa no tenía nada de particular, pero Galileo, que por entonces contaba diecisiete años, observó algo que los demás no habían visto.
Se tomó el pulso y empezó a contar: tantas pulsaciones para una oscilación amplia y rápida, tantas otras para una pequeña y lenta. Lo curioso era que el número de pulsaciones era igual en ambos casos. Galileo había descubierto la ley del péndulo.
Ahora bien, si el péndulo oscilaba con perfecta constancia y, por así decirlo, dividía el tiempo en pequeños fragmentos iguales, entonces constituía un método nuevo y revolucionario de medir el tiempo. Galileo había utilizado el pulso para cronometrar un
Péndulo; por consiguiente, también podía utilizarse el péndulo para medir el pulso humano. Galileo comunicó el hallazgo a sus profesores.
Galileo nunca llegó a obtener el título de médico. No tenía dinero bastante para proseguir sus estudios. Pero la verdadera razón era probablemente su falta de interés. Por casualidad asistió a una clase de geometría y descubrió que lo que realmente le importaba eran las matemáticas y la física, no la medicina.
Así que marchó a Florencia, se buscó un mecenas y empezó a estudiar el comportamiento de objetos que flotan en el agua. El trabajo en el que describía sus conclusiones era de tan buena factura que le convirtió en una «joven promesa» dentro del mundo académico de Italia. Cuando regresó a Pisa, en 1588, lo hizo como profesor de matemáticas de la universidad, donde procedió a estudiar la caída de los cuerpos.
Aristóteles pensaba (dos mil años antes) que la velocidad con que cae un cuerpo era proporcional a su peso, y desde entonces los sabios habían acatado la idea; las plumas caen muy lentamente, así que ¿por qué no dar crédito a lo que prueban los ojos?
Galileo pensaba que la resistencia del aire podía influir en el sentido de retardar la caída de los cuerpos ligeros que tienen gran superficie. Cuenta la leyenda que, para demostrarlo, subió a lo alto de la torre inclinada de Pisa con dos bolas de cañón de igual tamaño, una de hierro fundido y otra de madera; la primera era diez veces más pesada que la segunda. Si Aristóteles (y los profesores de Pisa) tenían razón, la bola de hierro debía caer diez veces más deprisa que la de madera. ¿Sería así? Abajo (prosigue le leyenda) se congregó una gran muchedumbre para observar el resultado.
Galileo dejó cuidadosamente caer las dos bolas al mismo tiempo por encima de la barandilla. ¡Zas! Las dos golpearon contra el suelo a una.
Difícilmente se podría haber rebatido a Aristóteles de una manera más drástica. Galileo, a sus veintisiete años, había destronado la autoridad (y también la dignidad de sus colegas universitarios). Tuvo que abandonar Pisa, pero en la Universidad de Padua le aguardaba un empleo mejor y también la verdadera gloria de su vida.
Rumores llegados de Holanda hablaban de un tubo con lentes que hacía que los objetos distantes parecieran estar al alcance de la mano. El gobierno holandés había estampado el sello de secreto militar sobre el invento pero aún así Galileo empezó a elucubrar acerca de cómo podría funcionar el aparato.
En el plazo de seis meses diseñó y construyó un telescopio (después construyó muchos otros que se difundieron por toda Europa). Hizo una demostración pública en Venecia y causó verdadera sensación. Caballeros respetables resoplaban escaleras arriba hasta la cima de los edificios más altos para mirar por el tubo de Galileo y divisar a lo lejos navíos tan distantes que tardarían todavía horas en tocar puerto.
Galileo, sin embargo, no pensaba ni en la guerra ni en el comercio. Dirigió el telescopio hacia los cielos y halló montañas y cráteres en la Luna y nuevas estrellas en Orión, que no eran visibles a simple vista. Y también comprobó que Venus tenía fases, como la Luna, y que el Sol poseía manchas.
El 7 de enero de 1610 hizo el descubrimiento crucial. Miró hacia Júpiter y al punto encontró cuatro pequeñas «estrellas» cerca de él. Noche tras noche las siguió; no podía haber error: eran cuatro lunas que giraban alrededor de Júpiter, cada una de ellas en su propia órbita. Lo cual refutaba definitivamente la vieja idea de que todos los cuerpos celestes giran en torno a la Tierra, porque allí había cuatro objetos que lo hacían alrededor de Júpiter.
En 1611 llevó su telescopio a Roma. Casi todos los miembros de la corte papal se quedaron anonadados, pero hubo quienes montaron en cólera: este hombre, que había destruido ya las ideas aristotélicas acerca de la caída de los cuerpos, ¿iba a destruir ahora también la doctrina de Aristóteles de que los cielos eran perfectos? ¿Cómo iba a haber rudas montañas sobre la faz celestial de la Luna y manchas en el rostro perfecto del Sol?
«Miren ustedes mismos», les dijo Galileo. «Miren por mi instrumento.»
Muchos se negaron. Algunos dijeron que las lunas de Júpiter no podían verse a simple vista, que por tanto carecían de utilidad para el hombre y no podían haber sido creadas. Si el instrumento permitía verlas, es que el instrumento estaba mal. Un aparato maculado, dijeron algunos, un instrumento del demonio. Una fracción de la Iglesia apoyó a Galileo, otra le atacó.
El pisano escribió entonces diversos artículos sobre sus descubrimientos, en los cuales se defendía sarcásticamente de sus enemigos. Poco a poco fue tomando partido cada vez más abierto por las teorías de Copérnico.
Galileo tenía especial habilidad para ridiculizar a sus adversarios, y eso rara vez se lo perdonaron. Enfrente tenía esta vez a hombres de mucho poder en la Iglesia, por cuya influencia ésta declaró, finalmente, en 1616, que la creencia en el sistema copernicano era herejía. El Papa Pío V ordenó a Galileo que abandonara el copernicanismo.
Galileo obedeció durante quince años, al menos en público. Guardó silencio, trabajó en otros asuntos y esperó a que la Iglesia adoptara una postura menos rígida. Pasado ese tiempo pensó que había llegado el momento. Sin prever, por lo visto, conflicto alguno, publicó, en 1632, su gran defensa del sistema copernicano, en la cual ridiculizó sin piedad a sus adversarios. La Inquisición le llamó a Roma.
El anciano científico hubo de pasar entonces por un juicio largo y agotador. Cuenta la historia que cuando se puso en pie después de jurar que la Tierra estaba quieta, musitó algo para su embozo. Según la leyenda, sus palabras fueron: «Y sin embargo se mueve.»
¿Por qué se le venera hoy a Galileo? Sus descubrimientos e inventos rebasaron con mucho la imaginación de las gentes de Europa de su tiempo. Galileo fue un científico versátil y original, y por si fueran pocos los descubrimientos que ya hemos reseñado, consiguió otros muchos: halló una manera de medir el peso de los cuerpos en el agua, diseñó un termómetro para medir la temperatura, construyó un reloj hidráulico para medir el tiempo, demostró que el aire tenía peso, y fue el primero en utilizar el telescopio en astronomía.
Pero no es sólo por eso por lo que Galileo ocupa un lugar tan alto en la jerarquía de la ciencia. Descubrió las leyes que gobiernan la fuerza y el movimiento y la velocidad de los objetos en movimiento, y después enunció estas leyes de la dinámica en fórmulas matemáticas, no en palabras. Y no es que fuese poco hábil con la pluma: fue el primer científico que abandonó el latín y escribió en su lengua materna, y su gracia y estilo atrajeron la atención en toda Europa. Incluso los príncipes acudían a Italia para asistir a sus clases.
En segundo lugar, Galileo demolió la actitud pedante ante la ciencia. Porque además de observar las cosas con sus propios ojos y basar sus deducciones en experimentos y pruebas reales (que eso lo habían hecho antes que él otros científicos que buscaron la verdad en la naturaleza, no en viejos manuscritos polvorientos), Galileo fue el primero en llegar a sus conclusiones a través del método científico moderno de combinar la observación con la lógica; y esa lógica la expresó en las matemáticas, el claro e inconfundible lenguaje simbólico de la ciencia.
Isaac Asimov en “Momentos estelares de la ciencia” Alianza editorial
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